
En un bosque de Cantabria vivia hace muchísimos años un roble
con figura antropomórfica hecha de diferentes árboles: los brazos
de abedul, la nariz de encina, unas fuertes mandíbulas de roble,
piernas de fresnos y unos hermosos ojos llenos de tristeza.
Un día tiró con fuerza de sus raices y comenzó a caminar
por los bosques destruyendo todo a su paso. Para
detenerle unos leñadores consiguieron cortarlo mientras
dormía.
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